foro¿Qué opinas de los truchos?Premios y Festivales


TRUCHOS

 “1. adj. coloq. Arg. y Ur. Falso, fraudulento. Este billete es trucho”.

Así de escueta, directa y sencilla, incluso para establecer su lugar de procedencia, es la definición que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua da a esta  palabra, tan coloquial para el mundo publicitario como desconocida para el resto. Precisamente, por este motivo, voy a permitirme extenderme un poco más en el asunto plagiando literalmente el blog Publicidad 101: “Truchos” de Rogelio Umaña, empezando por el fin único o principal del trucho: participar y ganar festivales de publicidad.

Entre sus principales formas tenemos:

El trucho ocurrente: ofrecido a un cliente de la agencia sin que este lo solicite, generalmente como una ocurrencia creativa aislada de la estrategia de comunicación, que puede surgir de forma natural o forzada

El trucho Descarado: cuando el cliente, el servicio o el producto resulta inventado, según se necesite para la idea.

El trucho robado: cuando la cuenta del producto o servicio pertenece a otra agencia, pero resulta indispensable para su realización.

El trucho conveniente: el realizado para clientes que obviamente no tienen presupuesto para publicidad, pero resultan un buen material para desarrollar ideas. Aquí las ONG´s son una fuente inagotable.

Si esto responde bastante bien a un intento de clasificación de los truchos, también podemos hacer lo propio con las opiniones más comunes al respecto, y que vienen a ser 3 según el propio Umaña:

1.- El trucho es inaceptable y sólo deben concursar en los festivales piezas que respondan a una estrategia de comunicación real solicitada, avalada y pagada por el cliente.

2.- Los festivales premian ideas, no publicidad, y por lo tanto el trucho es la única forma de demostrar el talento creativo de la agencia, ya que la mayoría de los clientes quieren publicidad que no implique riesgos.

3.- El trucho justifica los medios. ¡Vale todo! Neil French, exdirector creativo mundial de WPP, es el gran abanderado de esta opción, como lo demuestra su grito a los jóvenes creativos: “mientan y engañen para llegar a lo más alto”, lo que nos da una idea de su gran altura ética.

¿A cuenta de qué viene todo esto se preguntaran ustedes? Pues por la repercusión que ha tenido en los medios que tres grandes campañas premiadas en el festival The One Show, una de DDB Brasil y otras dos de BBDO Chile, hayan sido sendos truchos.  

En consecuencia, la polémica sobre los truchos ha vuelto a saltar a la luz pública, especialmente gracias al posterior anuncio de The One Show advirtiendo a creativos y agencias de que a partir de su próxima edición la presentación de anuncios creados para marcas inexistentes o sin permiso del anunciante conllevará la prohibición de participar en dicho festival durante un periodo de cinco años, tanto para la agencia que presente la pieza como para el equipo responsable. Castigo que se reducirá a tres años en el caso de que se descubra que el anuncio ha sido publicado en una sola ocasión con el fin de poder ser inscrito en el festival. Se conoce que en ese caso concreto el trucho es menos trucho.

La medida ha concitado la opinión favorable del sector. El Circulo de Creativos Argentinos ha anunciado que aplicará la normativa de The One Show a partir de la próxima edición de su festival; la D&DA británica ha advertido que denunciará públicamente a las agencias que presenten anuncios falsos; el Sol ha retirado sus premios de oro y bronce a las piezas de BBDO Chile; y el Festival de Cannes, el más prestigioso del sector, ha anunciado cambios en sus reglas de admisión de originales para perseguir con más eficacia los truchos.

Según el Semanario Anuncios la gran mayoría de los creativos españoles “critican sin ambages la práctica de los truchos y aplauden la decisión de los festivales de castigarlos”, aun cuando el presidente del Club de Creativos, Antonio Montero, manifestara en el mismo seminario que “no es partidario de castigarlos”. Una declaración valiente, aunque quizá no lo sea tanto, dado que fue emitida antes de que saltara el escándalo. 

La pregunta que quizá se hagan los lectores es: Si la gran mayoría de los publicitarios están contra los truchos y los festivales se sienten estafados por ellos ¿por qué existen?

           

 

 

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